La cabeza visible del festival es Fanny Mikey, pero detrás de ella existen centenares de personas que aportan sus horas libres unos y sus honorarios de trabajo otros para sacar adelante este certamen.
Para abaratar los costos, el Festival de Bogotá trabaja en llave con el de Caracas, que se celebra por la misma época. Cada ciudad contribuye con la mitad de los gastos, con la condición de que unos grupos trabajen en Caracas y los otros en Bogotá y luego se inviertan los papeles.
Esto implica que, durante los 12 días del Festival, prácticamente se establezca un puente aéreo entre las dos capitales. Aviones militares de la Fuerza Aérea Colombiana y de la Fuerza Aérea Venezolana transportarán los equipajes y la utilería de los diferentes grupos. Los pilotos y las tripulaciones de los aviones no cobran un peso y la organización pone la gasolina. En el Festival, la plusvalía y el valor agregado solo son términos de la retórica económica.
Los gobiernos de la mayoría de los 22 países que participan en el festival pagan los pasajes de sus artistas y el valor de la carga. Por ejemplo, España, que trae una delegación de 107 personas, invierte 120.000 dólares en los fletes de carga. Lo mismo sucede con Australia, Italia y Gran Bretaña. Los países suramericanos, Argentina, Chile, Brasil y Cuba, que no tienen los recursos de las naciones desarrolladas, fueron invitados por la organización.
El caso de Francia es especial porque toda su delegación viene en el barco Cargo 92 que realiza una gira de promoción cultural por varios países de América.
Para disminuir el costo de los fletes, artesanos colombianos construyeron, sobre planos enviados por los grupos, la escenografía de algunas de las obras, como Sueño de una noche de verano, del grupo rumano Comedia de Bucarest. Esta armazón también se utilizará en Caracas.
Por el hecho de estar en un Festival, los grupos participantes rebajan sus tarifas habituales en un treinta o un cuarenta por ciento. Pero esta actitud no se debe entender como pura filantropía. Lo que sucede es que un certamen como este es una oportunidad para aprender y conocer las nuevas tendencias del quehacer teatral a nivel mundial en una misma ciudad. Un granito de arena Los hoteles donde se hospedan los participantes: el Orquídea Real, el Tequendama, el Nueva Granada, el Cosmos, el Idel, el Dan 19 y el Santa Fe, rebajaron sustancialmente sus tarifas. Es que el potencial del Festival como foco turístico es innegable porque ha contribuido a romper el estereotipo de país violento.
Los dueños del lote donde se instalará la carpa de la zona rosa no cobran un peso por el alquiler. Otros que prestarán un servicio gratis serán los agentes de la Escuela de Carabineros de Suba, donde se guardarán los caballos de las Cuadrillas de San Martín.
Las dependencias gubernamentales, especialmente las que manejan las relaciones con el exterior (Ministerio de Relaciones Exteriores, Aduana y asuntos consulares) tienen el compromiso de agilizar los trámites para legalizar la presencia de los artistas en el país.
Calcular lo que vale este esfuerzo mancomunado es difícil, pero se estima que el costo del Festival, si no existiera esta especie de socialismo teatral, sería de 4.000 millones de pesos.
En realidad, el Festival tiene un costo de 1.200 millones de pesos, que serán recaudados por entradas, publicidad y la donación de cuatrocientos millones de pesos del Gobierno. PATROCINADORES Gobernación de Cundinamarca, Corporación Nacional de Turismo, Banco Andino, Banco Industrial Colombiano, Banco Ganadero, Banco de Bogotá, Banco Cafetero, Banco de Occidente, Banco Central Hipotecario, Pavco, Bavaria, Sigma-Occidental, Protabaco, Phillips Morris, Colsubsidio, Imagen y Sonido, La Previsora, El Tiempo, El Espectador, Revista Aló, Caracol T.V., Caracol Radio, Telecom, Diners Club, Credibanco, Credencial, Avianca, Aviatur.






0 comentarios:
Publicar un comentario